De una Vida Corporativa a Agricultores

En noviembre de 2007 mientras cenábamos en un restaurante griego en San Diego, California, Paul y yo tomamos una decisión que, aunque en el momento sabíamos que cambiaría nuestras vidas, hasta ayer no teníamos ni idea de cuánto.

Estábamos en San Diego para que yo pudiera caminar 60 millas y ayudar a recaudar fondos para la Caminata de 3 Días de Susan G. Komen contra el Cáncer del Seno, un evento para el que comencé a solicitar donativos y a entrenar 8 meses antes. Aunque era una causa noble para ayudar a quienes no tienen seguro médico a que reciban mamografías a bajo costo o gratis, hoy veo las cosas de una manera un poco diferente. Mega eventos de recaudación de fondos como estos, en mi opinión, ponen al relieve las fallas y trampas del capitalismo: quienes tienen frente a los que no tienen. Por lo que luego resultaba irónico que estuviéramos sentados en ese restaurante (bastante caro), comiendo una exquisita comida griega, y que concibiéramos un plan para deshacernos de ese estilo de vida –tan codiciado por muchos que trabajan toda su vida para lograrlo– ¡para convertirnos en agricultores!

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Nuestra sala en Fillmore, California, como se veía desde la cocina.

Dejándonos llevar por todas las apariencias externas, ciertamente habíamos finalmente "llegado" a nuestro mejor momento. Una hermosa casa de 2 niveles, 4 cuartos, 3 baños y medio, en los suburbios del sur de California; la cual compartíamos con dos gatos, dos carros y dos motoras. Nada de eso habría sido posible sin los generosos salarios, bonos e incentivos en acciones anuales cortesía de Amgen. Y así, muchos se preguntan, ¿por qué habríamos de hacer planes para renunciar a todo eso? A la edad de 41 y 45, sabíamos que en la vida tenía que haber algo más que esto. Para nosotros este fue un típico caso de: querer y tener son dos cosas diferentes.

Sí, habíamos logrado lo que muchos sueñan. No nos hacía falta casi nada. Disfrutábamos de vacaciones maravillosas, tanto en EE.UU. como en el extranjero. Comíamos bien, bebíamos buen vino y nuestros amigos eran igual a nosotros: trabajadores corrientes que hacían la misma cantidad de dinero y que tenían cosas igualmente maravillosas de las que hacer alarde. Si hubiéramos permanecido en Amgen, hubiéramos podido pagar nuestra hipoteca en menos de 15 años, ¿y luego qué? ¿Comprar una casa más pequeña para los "fines de semana" al norte de nosotros, en otro estado o en Puerto Rico –lugar que para ese entonces habíamos visitado y del que nos habíamos enamorado– para un día retirarnos? ¡Eso es algo bien convencional y en nada parecido a nosotros!

Nos pusimos de acuerdo en cuál sería el plan: comprar una finca, dejar todo este estilo de vida vacío (de nuevo, así lo veíamos nosotros) y convertirnos en agricultores autosostenibles. De ninguna manera pensamos que este sería un trabajo fácil, pero sin duda –una vez más, para nosotros– parecía mucho más fácil que la lucha diaria contra el tráfico en la hora pico, fingiendo que no nos molestaba que nuestros vecinos nos habían hablado sólo cinco palabras en los seis años desde que compramos nuestra casa al lado de ellos y consumiéndonos detrás de un escritorio para producir Cosas Muy Importantes que en última instancia, ¿beneficiaban a quién? ¿Pacientes? ¿Cabilderos? ¿Compañías de Seguros Médicos? ¿Accionistas? ¿El CEO de Amgen? ¿Whole Foods? ¿Las compañías petroleras que llenaban nuestros carros? ¿La compañía de seguros contra Terremoto, Daños a la Propiedad, Vehículos e Inundaciones? ¿Home Depot? ¿Y todos los demás que se hacen ricos por Amgen y los salarios de otras Corporaciones? ¿Para qué? En última instancia, y utilizando una frase perfecta de Buzzword Bingo, "al final del día", no hemos producido nada de valor para nadie – y menos aún para la Madre Tierra, cuya generosidad todos estaban y seguimos usurpando. Una vez más, éstos fueron y son nuestros pensamientos y lo que nos llevó a salir volando de ese mundo y comenzar a vivir el resto de nuestros días produciendo algo para dar de vuelta a la Madre Tierra, en lugar de robar de ella.

La oportunidad se presentó sólo seis meses después, cuando Amgen anunció que estaría subcontratando de IBM lo relacionado a Sistemas de Información. Esto significaba que Paul ahora tendría que competir con sus compañeros de trabajo por unos escasos puestos de trabajo. Lo que nos hizo pensar en el juego de las sillas: cuando la música termina, no todo el mundo tiene un asiento. Ahí fue cuando pusimos en acción nuestro plan. Vendimos nuestra casa, renunciamos a nuestros trabajos y aquí estamos. Es cierto que estoy dejando afuera algunas cosas - por ejemplo, cómo pasamos de California a Puerto Rico, por el norte del estado de Nueva York durante seis meses, pero puedo guardar este tema para otro blog.

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Gracias a la venta de esta casa, estamos donde estamos hoy.

Luego de vender dos propiedades,  nuestra casa en California y la casa de mis padres en el sur de Francia apenas 9 meses más tarde, teníamos todo el capital que necesitábamos para comprar nuestra finca, renovar la casa y crear la granja que queríamos: 18 cuerdas de frutas de todo el mundo tropical – sólo 5 de esas cuerdas están siendo cultivadas, el resto lo hemos dejado libre para caminar.

De la Ciudad a Criar Cabras

En junio de 2012 compramos dos cabras hermanas a un hombre llamado Sadhu, quien es dueño de Govardhan Gardens aquí en Puerto Rico. Tenían 6 meses de edad en ese momento y ya tenían nombres: Amani y Mayani. Apenas dos meses más tarde compramos a Ravi –de año y medio– también de Sadhu, para que fuera el "marido" que compartirían. Ahora, junto a cerca de 50 gallinas, cuatro perros y nueve gatos,

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Mayani está a la izquierda, Amani está a la derecha

somos una gran familia feliz. Nuestro propósito en tener cabras es doble: una es que queremos terminar con nuestra dependencia a la leche de soja y comenzar a beber leche de cabra. También nos gusta lo que su estiércol orgánico logra cuando se añade a la composta: ¡a las plantas les encanta!

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¡Nuestro guapo padrote, Ravi!

Cuando Amani entró en su segundo celo el 30 de noviembre, decidimos que era hora de aparearse con Ravi. El afortunado padrote tuvo relaciones con ella seis o siete veces, aunque creo que una pudo haber sido suficiente. En febrero de 2013, nuestro maravilloso veterinario, el Dr. Trautmann, vino con su familia y su equipo para ultrasonido y confirmó lo que en nuestros corazones que ya sabíamos - que Amani estaba preñada. Él pudo apreciar una cabrita, pero estaba bastante seguro de que eran dos, lo que parece ser la norma. El ultrasonido no le permitía determinar el sexo.

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La siempre evasiva Mayani y siempre payasa Amani.

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¡Tan dulce que es nuestro padrote Ravi!

Amani y Mayani siempre fueron muy diferentes la una de la otra. Desde el momento en que nació, Amani fue bien payasa. Ladeando la cabeza para poderte mirar mejor o sacándola por la valla del área de juego, sólo para decirte "hola". Sus acciones nos hicieron reír con frecuencia. Desde apenas los seis meses de edad, Mayani fue bastante distante. Las marcas en su cara y cuerpo sólo abonaban a su misterio. Con la madurez viene inevitablemente el cambio. Cuando Amani maduró dejó a un lado las bobadas y Mayani ya no es tan distante. Las dos morderán tu ropa y cuando no estés mirando, robarán tu gorra o cualquier prenda de ropa en la que puedan hundir sus dientes y triturar en pedazos. Ravi es bastante dócil, a pesar de su talla de 200 libras. Siempre y cuando lo acaricies y frotes el espacio entre medio de donde solían estar sus cuernos cuando vengas a visitarlo, él es un tipo feliz.

A medida que el embarazo de Amani avanzaba, me preguntaba qué clase de madre sería. ¿Había madurado? Sí. ¿Sería maternal? De ningún modo. Supongo que el tiempo lo dirá, pero francamente, veía a Mayani con toda su seriedad, como una mejor madre que Amani.

Paul y yo leímos libros y artículos sobre la crianza de cabras y, más recientemente, sobre el parto. Hablamos con otros agricultores, siendo el consejo de Sadhu el que con mayor frecuencia buscamos, incluyendo algunos nuevos amigos que conocimos hace unos seis meses llamados Peter y Susan, quienes tienen una finca de café orgánico aquí en Utuado y que tenían cabras cuando tenían una granja en Virginia. Cada vez que teníamos una cita con el Dr. Trautmann para algún gato o perro, siempre le hacíamos preguntas. Él sin duda es un médico de campo. Aunque su padre fue un dentista y ortodoncista muy respetado en Utuado, más importante para nosotros es que creció en una finca y conoce a los animales de granja por dentro y por fuera. Aunque como era de esperarse, él y su increíble personal de trabajo atienden perros y gatos, muchos de sus pacientes son ganados. Hablamos con otros agricultores, tanto a nivel local como por Internet: Janice en Alabama; Hanne en Mississippi; Char en Texas; y Mickey, su hermana Olga y su sobrino Norberto aquí en Utuado, por lo que ayer cuando llegó el momento, nos sentimos bastante preparados para el parto de Amani.

Llegó la Hora de la Verdad

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Aunque aún no había dilatado, sin embargo, todas las señales apuntaban a que éste sería el día.

Ayer por la mañana echamos un vistazo a Amani y sabíamos que este sería el día en que tendría a su(s) cabrita(s). Su ubre estaba muy larga y llena. Aunque su líquido amniótico no había comenzado a salir 12 horas antes, como indicaban los libros que sucedería, simplemente lo sabíamos. Estaba actuando de manera extraña y berreaba mucho. Hacía dos semanas había encontrado un lugar justo debajo de su celda, en el que asumimos que quería tener a sus crías. Ayer pasó mucho tiempo allí y a medida que se levantaba, recogíamos las pelotitas de estiércol y colocábamos heno nuevo. Tratamos de mantener el área lo más limpia posible.

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Foto tomada alrededor de 1:00 pm. Estoy alimentando a Amani con hojas de mango.

Otra cosa hizo que pareciera obvio que iba a parir ayer. Por una combinación de razones, Amani y yo no somos tan cercanas como lo éramos cuando llegó por primera vez aquí. Lo atribuyo a dos razones y, en particular, desde que quedó embarazada. Paul es el agricultor en la familia. Yo estoy todo el día escribiendo o dirigiendo el negocio que mantiene a la finca a flote. Yo salgo periódicamente durante todo el día para decir hola y por la noche después de que recopilamos hojas para que las cabras coman, los dos tenemos un ritual en el que las alimentamos con nuestras manos, con estas hojas. En esos momentos Amani y yo estamos cerca, pero Paul es el cuidador principal de todos los animales; ellos lo saben y las cabras me ven como la dama de las hojas y las gallinas como la dama del arroz o las galletas. Yo no les llevo su alimento en las mañanas; no suelo limpiar el excremento de sus áreas, con frecuencia no soy quien abro sus corrales para que salgan a correr, rara vez los cepillo y nunca he limpiado o recortado sus pezuñas.

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Esta sería la última vez que estaría de frente a nosotros. Una vez se acostó de frente a la valla del corral, sabíamos que estaba lista.

Ayer fue diferente. Al salir de la zona de juegos donde Amani pasó el día caminando de un lado a otro y acostándose en la cama de heno que ella hizo, comenzó a berrear. Regresé y ella se detuvo a mi lado con la cabeza apoyada en mis caderas. La acaricié; ella berreó más. Recibí el mensaje y llevé dos sillas al área de juego, esta vez fui yo quien alternaba entre caminar de un lado a otro y sentarme (en la silla, no en la cama del heno).

Durante su embarazo, a Amani no le gustaba mucho que yo le tocara el costado de su cuerpo, donde su vientre estaba. El otro lado es su rumen. Durante todo el día de ayer tocaba su vientre y pude notar una considerable diferencia en la rigidez, entre la mañana y la tarde. También observé casi el momento en que las cabritas pasaron de su útero al canal de parto. Tenía conmigo unos libros para confirmar cómo esto se vería y, en efecto, el útero parecía hacerse más pequeño, mientras que el área por encima de los huesos de su cadera (el costado) pasó de estar oblicuo a casi horizontal. Sucedería pronto, decidí.

Poco a poco me di cuenta que Amani se agachaba (es la única manera en que puedo describirlo), a lo que seguiría un berrido. Me imaginaba que estaba teniendo contracciones, aunque como nunca he tenido hijos (humanos o cabritas), no lo sé. Volví a mirar el libro y examiné las posiciones de los cuerpos de las cabritas en el canal de parto. Decidí que si uno o ambos estaban de nalgas, yo debía recortar mis uñas por si acaso uno de nosotros tenía que entrar y girar a la cabrita o cabritas. Yo no quería arañar su interior. También cambié mis pantalones cortos por unos pantalones de trabajar en la finca pues sabía que iba a estar de rodillas y lo más probable todo sería un reguero.

Almorzamos y tomamos descansos para ir al baño, pero pasé la mayor parte del día con Amani. Unas dos horas después de que comenzó a agacharse, comenzó a lamer mis brazos. De arriba a abajo, en el interior y el exterior de mi brazo, sobre todo el brazo derecho, pero a veces el izquierdo. No podría decir si esto lo hacía a modo de consuelo o porque se le agotaba la sal. Llenamos su plato de agua. Ella continuó lamiendo.

A eso de las 2 de la tarde llegaron las habituales lluvias de la tarde. Pero estaba claro que esta no iba a ser una lluvia ordinaria. Rayos seguidos de truenos significaban que Amani tendría a sus crías durante una fuerte lluvia, ¡mientras yo luchaba contra la madre de las migrañas!

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Esta foto fue tomada al comienzo del día, pero la incluimos para mostrarles el techo sobre sus áreas de dormir en los corrales, que se extiende a la zona de juegos.

Para una cabra a quien no le gustaba que tocara su vientre durante el embarazo, al momento en que llegó la hora, yo estaba bien familiarizada con su vientre, sintiendo el bulto que indicaba que la cabeza de una de las cabrita estaba en posición y tratando de salir. Curiosamente, Amani no tuvo ningún problema en que yo levantara su cola para ver si el cuello del útero se dilataba, que debo haber hecho unas 100 veces ayer. Una vez vi que estaba dilatada y noté la presencia del líquido amniótico (supongo que rompió fuente tarde), llamé a Paul, quien en ese momento estaba poniendo los perros dentro de la casa y cerrando todas las ventanas para evitar que la lluvia inundara la casa. A esa hora ya eran las 4:45 de la tarde y las lluvias eran tan fuertes que yo no dejaba de agradecer que Paul hubiera extendido el techo de los corrales (donde cada cabra tiene su propio "cuarto"), unos cuatro pies hacia afuera. Aunque el viento y las lluvias arrasaron, todos nos mantuvimos secos.

Otra cosa nos dio una pista de que estaba lista. Mientras alternaba entre caminar de lado a lado y acostarse en la cama de heno, cuando se acostaba sobre el heno, ponía su trasero hacia la valla del corral. Esta vez cuando se acostó, se colocó de tal manera que su trasero estaba accesible a nosotros. Habíamos sacado las sillas del área del parto y fue en ese momento que nos dimos cuenta de la apertura de la vagina y una masa empujando por salir. Amani hizo algo curioso cuando estaba pujando. Buscó mi brazo para lamer de arriba a abajo, movió su cabeza, abrió la boca como si fuera a gritar, se agachó y pujó. La masa siguió saliendo y Paul y yo vimos lo que parecía ser una cabeza.

Advertencia: ¡Fotos Gráficas! Si la vida real, no su versión de los cuentos de hadas, te da asco, quizás quieras saltar las próximas siete fotos.

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La masa para la que no estábamos preparados.

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Esa soy yo a su izquierda, ahí ella estaba pujando y gritando sin que saliera ningún sonido.

Nadie te prepara para la masa. Tengo que decirte, pensábamos que saldría una cabeza. Ninguno de los dos tenía ni idea de que el cuerpo estaría encerrado en una burbuja, una bolsa, si quieres llamarlo así.

Primero vimos los ojos y respiramos con alivio - esta cabrita no venía de nalgas. Amani siguió lamiendo mi brazo, gritando sin hacer sonido y pujando. Luego vimos una pezuña, luego dos y luego las cuatro patas estaban fuera. En este punto nos pusimos nerviosos porque la membrana no se había roto, así que llamé a mi amigo Char para preguntarle qué hacer si no se rompía. La membrana se rompió pero por suerte Char se quedó en el teléfono con nosotros unos minutos más. Paul y yo comenzamos a remover la membrana de esta nueva y perfecta cabrita. Eran las 5:15 pm.

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Bebé número uno después que la membrana se rompió.

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Tengo mi mano en el bebé número uno y Amani está limpiando al bebé número dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Amani tomó un descanso durante unos quince minutos y luego buscó mi brazo. Yo sabía que era el momento para que la segunda cabrita saliera cuando ella empezó a lamer mi brazo de nuevo. Lavar, enjuagar, repetir y quince minutos más tarde, una segunda cabrita descansaba en una piscina de membrana rota. Dimos un segundo suspiro de alivio cuando la cabrita número dos no venía de nalgas. Para ese momento la primera cabrita estaba luchando para ponerse en  pie.

Mamá tomó unos minutos para respirar y luego buscó a sus crías. Esto nos indicó que ya todo estaba hecho y no habría más cabritas saliendo. Bueno, los dos pensamos - una para cada tetilla. Ella las limpió, mientras se veía completamente agotada. Le ofrecimos agua y luego comida. ¡Las limpió tan bien! Todas las preocupaciones sobre si Amani sería maternal se fueron por la ventana tan pronto cuando la vi con ellas. Miles de años de instinto realmente brotaron en el momento en que esas vulnerables criaturas llegan.

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La primogénita encuentra la tetilla de mamá.

Mientras el bebé número dos luchaba por ponerse en pie, bebé número uno encontró la tetilla de Amani y ese importante calostro lleno de los anticuerpos que necesitaba. Un poco más lento en ponerse en pie, bebé número dos finalmente encontró la tetilla de mamá mientras ésta continuó limpiando a bebé número uno. Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de cuál era el sexo de ambas crías.

Respiramos un tercer suspiro de alivio cuando nos dimos cuenta de que las dos eran hembras. La triste realidad es que solamente hay espacio para un macho en la finca. Si uno o ambos hubieran sido machos, hubiéramos tenido dos opciones: vender uno o a ambos, o castrar a uno o a ambos.

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Bebé número dos está finalmente de pie.

 

 

Mientras bebé número dos bebía, aparentemente mamá había cortado el cordón umbilical. ¡Gracias mamá! Dejó el otro y tuvimos que atar un hilo de nilón alrededor.

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En la parte inferior está el saco lleno de su placenta. Los otros son los coágulos de sangre, lo cual es normal.

Luego estaba el asunto de la placenta.

Mucho se escucha sobre el hecho de asegurar que toda la placenta sea expulsada del cuerpo. Estábamos bastante seguros de que estaba toda en la bolsa que colgaba de la vagina de Amani. No creímos que fuera necesario llamar a nuestro veterinario para pedirle que saliera una noche de domingo – su único día libre – para removerla y sacarla del cuerpo (algo que quizás puedas ver en la primera foto, pero sin duda lo podrás ver en la segunda). Nos pusimos de acuerdo para dejar que Amani decidiera qué hacer con ella.

A eso de las 6:15 pm todos nosotros estábamos hambrientos. Mamá estaba agotada pues acababa de correr un maratón; mi espalda estaba adolorida por doblarme en una posición incómoda y mamá estaba ansiosa por atender a sus bebés. Ella me dio un ligero cabezazo – como indicando que era el momento de irnos.

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3/4 del equipo de seguridad. Héctor (durmiendo), Yum Yum, siempre vigilante y Gigi asegurándose de que mamá y bebé están bien. Marcos estaba durmiendo en su área. Los truenos y relámpagos le asustan.

Alimentamos a los perros, cenamos y volvimos a las 9:00 pm para examinar a mamá y sus bebés. Todos estaban muy bien y la placenta de Amani había desaparecido - asumimos que ella se la comió. Aunque ella estaba a salvo de los depredadores en nuestra finca – Gigi y Yum Yum son muy celosos de todo en la finca (Héctor también es protector, cuando no está durmiendo pues después de todo es bastante viejo) – el instinto le dijo que se la comiera, para no dejar evidencia de las crías que acababa de tener.

Al Día Siguiente

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A la mañana siguiente: Mamá y bebé número 1 (primer plano) y bebé número 2.

Aunque normalmente yo lucho para despertar en las mañanas (¡no soy una persona mañanera!), esa mañana cuando Paul se levantó para alimentar a los animales, yo estaba despierta antes  que él. Los dos fuimos a ver Amani y sus crías, cuyos nombres son Emily (en honor a mi difunta madre) y "la otra", porque Paul no ha tenido tiempo de darle nombre. Amani es una madre increíble. Se preocupa cuando se alejan más de tres pies de ella, berrea y ellas le responden berreando y regresan rápidamente, todavía un poco inestables en sus pies. ¡Más que adorable! No es de extrañar que ya está enamorada de ellas! Sólo queremos acurrucarnos con ellas, ¡son tan lindas!

Por impráctico que suene, hemos decidido quedarnos con las dos. Sí, realmente deberíamos dejar que se alimenten de su pecho durante dos o tres meses y luego venderlas, pero simplemente no podemos. Todo lo que sucede en la finca confirma que hemos tomado la decisión correcta al dejar la América corporativa y empezar una nueva vida.

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Bebé número 1, llamada Emily y bebé número 2 está detrás de mamá. Amani acaba de limpiar después de que Emily evacuó. Creo que la mayoría de las mamás de mamíferos hacen esto - con la excepción de los seres humanos que utilizan toallitas húmedas para bebés.

Presenciar a estas dos nacer, es una de las experiencias más increíbles que cualquiera de nosotros haya tenido. Claro, hemos estado en París y en la parte superior de la Torre Eiffel, hemos manejado por las Montañas Rocosas, estado en varios parques nacionales, entre ellos el Gran Cañón y el Monte Sion, hemos escalado algunas de las montañas más bellas de California, Nueva York, Arizona y ahora Puerto Rico, conducido a campo traviesa tanto como pareja y antes de unirnos también hicimos algunas cosas increíbles en nuestras vidas. Cuando miramos esos seres perfectos, sabemos con absoluta certeza que no hay nada comparable a esto. Podemos vender las próximas cabritas que nazcan - ya sean de Amani o Mayani, por ahora, queremos disfrutar de estos dos regalos. Antes del parto de Amani, habíamos leído numerosos relatos de agricultores cuyas cabras habían parido en el medio de la noche y cuando ellos salieron a ver los bebés ya estaban limpios y la mamá dormía tranquilamente. Ninguno de los dos podemos comenzar a explicar lo agradecidos estamos de haber compartido esta experiencia con Amani. Desde luego, no creo que realmente nos necesitara. Las cabras han estado pariendo sin ayuda durante miles de años. Ella no nos necesita. Aunque servimos de consuelo para ella y le dimos un par de brazos para lamer, honestamente podría haberlo hecho por sí misma. Estamos muy felices de haber podido estar allí y compartir esto con ella y por haber tenido la oportunidad de ser testigos de esto. Nuestras vidas realmente han cambiado para siempre y después de todo lo que hemos hecho, visto y experimentado en nuestras vidas, finalmente hemos llegado “a lo nuestro” y ¡no tenemos la menor intención de volver a "todo aquello"! Vamos, ¡basta con mirarlas!

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Bebé número 2, quien será nombrada una vez Paul decida su nombre.

 

 

 

 

 

 

 

Actualización: 16 de junio 2013

Me ha llevado casi un mes poder publicar esta actualización, tanto porque hemos estado muy ocupados por aquí y también porque ponerlo en palabras me habría hecho llorar de nuevo.

Lamentablemente una de las cabritas murió sólo dos semanas después del nacimiento. Purple Girl, como se le conoció por llevar un collar púrpura, murió de tétanos. Hemos podido determinar que esto pasó (con toda probabilidad) porque antes de nuestra vida en esta finca, el propietario anterior mantenía caballos en la misma zona donde viven nuestras cabras. Es un paraje natural porque es una de las pocas áreas planas en la finca. El tétanos está presente de manera natural en el estiércol del caballo. No importa lo bien que uno limpie o rastrille, se filtra en el suelo y una vez que esto ocurre, puede permanecer latente por hasta 40 años.

No sabemos si el tétanos entró por el área donde le sacamos los cuernos a las cabritas o si tenía alguna cortadura en la boca. Tan pronto como nos dimos cuenta de que necesitaba atención médica (se puso rígida y como que inmovilizó la mandíbula), la llevamos al Dr. Trautmann. Él y su personal hicieron todo lo posible, pero por desgracia los estragos del tétanos son extremadamente rápidos en las cabras. Purple Girl murió 36 horas después de presentar los síntomas.

Aunque “tarde y mal”, vacunamos a Green Girl, alias Goateeta porque Paul todavía no ha encontrado un nombre para ella, contra el tétanos. Como medida preventiva vacunamos a  los adultos, aunque probablemente en este momento ya no lo necesitaban.

¡Goateeta está progresando! En este momento pesa 39.5 libras y aunque perdió a su hermanita cabra, ganó cuatro hermanos perros. No creo que ella sepa si es perra o cabra.

Adiós por ahora, ¡actualizaremos luego!

la foto

¡Sí, supongo que sólo nosotros pondríamos una correa a una cabra y dejaríamos a nuestros perros sueltos!

 

 

How did that goat get in the house?

¿Cómo fue que esa cabra entró a la casa?

Goateeta at 5 weeks old